Cuando el cine era en verdad una distracción

Publicado en por BAI


Hace ya varios años, cuando conseguíamos un quetzal, de los de aquella época, apetecidos por su valor, dedicábamos nuestro tiempo para ir al cine, apoltronarnos en una butaca y aprovechar para disfrutar de una lica de las del charro enamorado Pedro Infante o, en su defecto, del famoso astro americano John Wayne.

Ese es el recuerdo que tienen don Beto y sus amigos, quienes hacían el obligado recorrido a los diversos cines capitalinos, luego de que por trabajitos o golpes de suerte conseguían el dinero necesario para entrar a las salas de proyección. De esa cuenta visitaban cines como el Latino en la zona 5; el Colón, en la 7.ª calle y 12 avenida zona 1; y el cine Norte, en la 4.ª avenida final zona 1. Con un poco más de suerte se ajustaba para ingresar al Lux, al Cápitol o al Palace. Eso sí, cuando la situación económica se tornaba muy dura, apenas alcanzaba para entrar al cine Ideal, más conocido como el Chinpul, de la zona 8, el más popular de la época, cuando no existía el dolby stereo ni la proyección digital.

Recuerdos de los antiguos cines se desbordan en las anécdotas de muchos cinéfilos de antaño, que evocan con agrado la primera vez que fueron con la novia al cine Real de la zona 3, o cuando, como premio al buen comportamiento de sus hijos, los papás los invitaban a ver en permanencia voluntaria hasta tres películas que se exhibían en el Alameda, el Popular, el Maya o el Moderno, por precios que oscilaban entre los 10 y 25 centavos.

Aquellos buenos momentos solo quedaron en la memoria de los cinéfilos que observan con cierta nostalgia cómo los antiguos sitios de reunión se han convertido en iglesias, ventas de electrodomésticos, maquilas y bodegas o simplemente han quedado reducidos a ruinas.


Fuente
:

dca.gob.gt

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