Sueños hechos realidad con el trabajo de jóvenes voluntarios

Publicado en por BAI


La fundación Un Techo para mi País necesita fondos para seguir operando. Por ello, el 1 y 2 de octubre se llevará a cabo la gran colecta, que busca recaudar Q350,000

Blanca Tacatic no podía creerlo. Un grupo de mu-chachos había llegado a su humilde vivienda en la aldea Chiquín, Chuarrancho, a recibir sus datos para hacerle entrega de una casa. Terminó de darles crédito a aquellos jóvenes el pasado 18 de julio, cuando por primera vez entró por la puerta de su nuevo hogar, un lugar digno donde sus hijos podrán sentarse en un piso de madera, y no en la tierra húmeda, como lo hacían.

Los responsables de este milagro, como lo llaman los beneficiados, son los voluntarios que ofrecen su trabajo en la fundación Un Techo para mi País, que a la fecha han entregado 35 viviendas de emergencia a familias que viven en extrema pobreza.

Melisa Padilla, directora social de la fundación en Guatemala, indica que esta ha crecido poco a poco en el país. “Es un proyecto nuevo y no hay mucha cultura de voluntariado, pero los jóvenes se han involucrado más”. Lo que tratamos de enseñar es que  todos somos iguales. Intentamos vivir la experiencia de las familias que no tienen servicios básicos y sentir las necesidades que ellos tienen”, comenta.


Por una mejor calidad de vida
El anhelo de una vivienda digna palpita día a día en el corazón de muchos guatemaltecos que habitan en comunidades rurales, pero por sus pocos recursos tienen menos oportunidades de lograrlo, como en el caso de Blanca. “Pedimos a Dios que los bendiga. Apoyen y crean en los jóvenes, en la fundación y en el servicio que nos dan a los pobres; es un sueño que uno tiene y que a través de ellos se hace realidad. Esta es la herencia para nuestros hijos y es lo único que tenemos, ya que ellos vinieron a ofrecer algo y cumplieron su palabra”, asegura.

El diseño de las casas es el mismo que se utiliza en todas las naciones en donde la fundación presta el servicio: un esquema simple, pero supervisado por técnicos en este tipo de construcciones. Las municipalidades apoyan en el área logística y el transporte de materiales. El ensamblaje corre por parte de las familias y los voluntarios. Para el 2009, la organización se ha fijado la meta de entregar 150 viviendas en diferentes comunidades del país.

Baltasar Chamalé, otro favorecido, agradeció el trabajo desinteresado de los jóvenes. “Aquí vienen muchos a engañar. Como hablo kaqchikel no entendía lo que me decían. Estamos muy contentos y que Dios les multiplique y les dé vida”. Como la familia Chamalé hay otras que están agradecidas y que no esperaban esta ayuda, que será un legado para sus hijos, gracias al ejemplo y trabajo de jóvenes guatemaltecos, y de otras naciones que hacen la diferencia.

En dos días, y con la cooperación de 6 ó 10 voluntarios, las viviendas son armadas con paneles de madera prefabricados que al unirlos forman una habitación de 6 por 3 metros con techo de lámina. Constan de puertas y ventanas para aprovechar la iluminación y ventilar la misma.


Orígenes
El programa Un Techo para mi País inició en 1997 en Chile y gracias al apoyo del voluntariado se convirtió en una política pública de ayuda en los asentamientos urbanos de ese país. El propósito es proveer viviendas para mejorar la calidad de vida por medio del sentido de pertenencia social e igualdad de oportunidades.

En Guatemala, el grupo está formado por 600 voluntarios administrativos y 60 permanentes, en su mayoría universitarios, que realizan el trabajo de campo. El  1 y 2 de octubre se llevará a cabo la gran colecta, cuando saldrán a las calles de la ciudad a buscar fondos. La meta es recaudar Q350,000.

Cerca de dos millones de personas, el 15% de la población nacional, subsisten en condiciones de pobreza extrema.


Fuente
:

dca.gob.gt

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