Semillas híbridas buscan ser alternativa frente a la inseguridad alimentaria

Publicado en por BAI


Existe consenso sobre la necesidad de reactivar, fortalecer y priorizar la producción nacional de alimentos, aunque en los mecanismos aún no hay acuerdos.

El cultivo de granos básicos y otros productos que complementen la dieta alimentaria rural, con base en semillas mejoradas, podrían contribuir a atender la problemática de inseguridad alimentaria y nutricional latente en el país, aseguran expertos, no sólo por sus rendimientos, resistencia a diversos fenómenos adversos del ambiente, sino por sus propiedades nutricionales.

Este año, la inseguridad alimentaria y nutricional ha sido más evidente en al­­gunas regiones del país, aunque el problema ha estado presente históricamente en toda la República, no obstante los programas de contingencia, la desnutrición crónica, el hambre y la escasez estacional de alimentos no ha desaparecido.

De ahí que, si en algo parece haber un consenso, es la necesidad de reactivar, fortalecer y priorizar la producción nacional de alimentos; en torno a cómo llevar a la práctica este planteamiento, sin embargo, existen diversos puntos de vista: uno de éstos es el que propone la introducción de tecnología agrícola de híbridos.

Max González, gerente del Instituto de Ciencia y Tecnología Agrícola
(ICTA), señala que en los aproximadamente 15 mil años que tiene de existir la agricultura, las prácticas de manejo, control y mejoramiento de la producción ha evolucionado junto a la humanidad, de ahí que la biotecnología agrícola su-pone parte de ese proceso.

Según González, en Gua­temala se emplean unas 400 mil hectáreas de tierra para el cultivo de maíz, el consumo nacional asciende a 40 millones de quintales de maíz blanco por año, pero actualmente la producción promedia los 25 millones de quintales; de ahí que el tema de la inseguridad alimentaria y nutricional está relacionado con la deficitaria producción frente a un aumento sostenido de la demanda de granos.

Abisaías Gómez, dirigente de Plataforma Agraria (PA), resalta que esa situación ocurre por falta de acceso a la tierra productiva, ausencia de políticas de transferencia tecnológica y asistencia financiera, de cara al fortalecimiento de la economía campesina y de las capacidades locales de producción de alimentos, sobre la base del paradigma de la soberanía alimentaria y nutricional.

González reconoce esta situación y argumenta que la introducción de semillas mejoradas solventaría en parte la problemática, ya que  estos materiales suponen una mejora en la productividad, pues conllevan un incremento del rendimiento por unidad de superficie sembrada, reduce los riesgos frente a sequías y aporta mejores componentes nutricionales.

El gerente del ICTA argumenta que mientras el rendimiento nacional en promedio de maíz se estima en 25 quintales por manzana, las variedades híbridas aportan un 20% más, es decir, 50 quintales por manzana utilizando baja tecnología y hasta 110 quintales por manzana, si se usan mejores métodos de producción.

En el caso del frijol ne-gro, Óscar Salazar, coordinador de producción de semillas del ICTA, explica que la demanda nacional es de 3 millones de quintales, y la producción actual, que abarca un área de 200 mil manzanas, es de 2 millones de quintales; un rendimiento promedio de entre 8 y 10 quintales por Manzana.

Ronnie Palacios, coordinador de la Red Nacional para la Defensa de la Soberanía Alimentaria en Guatemala (Redsag), advierte que si bien es necesario introducir avances científicos en la producción nacional de alimentos, el caso de los híbridos tiene puntos en contra, como la dependencia a las semillas, el uso necesario de paquetes agroquímicos.

Es que las semillas híbridas, a diferencia de las criollas o nativas, donde la selección de materiales para cultivo se realiza de una generación a otra, durante largos períodos, las primeras deben comprarse en el mercado privado cada año; “podría ser una ironía, si se considera que la población más vulnerable es la que tiene menos posibilidades de adquisición”, agrega.

González destaca que de allí la importancia del fortalecimiento de la institucionalidad agraria en el país, de manera que exista toda una infraestructura estatal para generar tecnologías accesibles a la población. Y no para menos ejemplifica, cómo actualmente un quintal de semilla híbrida de maíz producido por laboratorios privados puede valer hasta Q2,500, mientras que el ICTA lo vende a Q450.

Tanto Palacios como Gómez señalan la necesidad de políticas públicas encaminadas a potenciar la producción nacional de alimentos, que no choquen con la realidad socioeconómica y cultural de la población, entre éstos podrían estar las técnicas de polinización abierta o controlada y  los agrocultivos.


Lanzamiento de ICTA MAYA QPM

Este día, el ICTA hará oficial el lanzamiento de la variedad híbrida de maíz ICTA MAYA QPM (Quality Protein Maize, por sus siglas en inglés), una material de última generación, no transgénico, que se caracteriza por su alto rendimiento (90 quintales por manzana), tolerancia a enfermedades como la mancha de asfalto, y valor nutritivo, pues contiene un 90% de la proteína que proporciona la leche de vaca.

La variedad es apta para las tierras de San Marcos, Retalhuleu, Suchitepéquez, Escuintla, Santa Rosa, Jutiapa, Jalapa, Zacapa, Chiquimula, Baja y Alta Verapaz, Huehuetenango, Quiché y Petén. Por cada 30 libras de semilla se siembra una manzana.


Fuente:


dca.gob.gt

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